“La experiencia de El Sistema se siembra en cada programa que ejecuta”

Publicado por Prensa FundaMusical Bolívar.

Los libros de música indican que el pentagrama son cinco líneas y cuatro espacios, donde se lee la música y donde se escribe. La realidad es otra en este país. La música aquí parece estar escrita dentro de la tierra venezolana, en sus raíces, a la espera de que un niño la lea, la llene de vida y la riegue sobre tierra fértil para que dentro de unos años, la cosecha musical se siga multiplicando

Transitar por el territorio venezolano es como caminar sobre un pentagrama infinito, y ese invaluable material es el que el programa Alma Llanera desea difundir y preservar.

Para celebrar el 41 aniversario del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, la música tradicional venezolana sonó, suena y sonará en cada uno de los estados que forman parte de este programa social, musical y cultural, que con instrumentos populares o académicos representa el tricolor venezolano.

Trujillo, la tierra del maestro José Antonio Abreu, ofreció dentro del auditorio Fabricio Ojeda del Foro Bolivariano una presentación impecable. La pureza y calidez de la música trujillana se apoderó de la sala por casi dos horas. Mandolina, mandola, guitarras, arpa, cuatro y maracas resonaron con obras de compositores venezolanos, entre ellos Pablo Camacaro, presente en el recinto.

Camacaro indicó que la herencia producto de la mezcla de razas que hemos tenido durante toda la historia venezolana es lo que hace que Venezuela suene así, con esa variedad. “Aquí se acrisoló una riqueza musical a través de la gente que nos visitó y que sembró su sangre en el país. Somos privilegiados, Venezuela es una potencia musical”. El también director de orquestas resaltó la importancia de la labor de El Sistema durante más de cuatro décadas. “La experiencia de El Sistema se siembra en todos los programa que ejecuta. Dentro del Programa Alma Llanera, duplicamos la experiencia que ha adquirido el Sistema durante 41 años para ser mejores”, aseguró.

Lo popular con disciplina. El trabajo que realizan todas las regiones del país para dar a conocer la tradición musical de su estado es arduo, y está encabezado por personas incansables como Pedro Moya, coordinador de El Sistema en la región zuliana.

El desarrollo de nuestra música dentro de El Sistema lo considera una obligación. “La mezcla que se hace entre esa disciplina que nosotros hemos tenido durante años en nuestro Sistema y el músico popular, esta mezcla tiene un propósito más elevado; entretener, servir, brindar la belleza de lo regional pero con disciplina”, afirmó.

La música zuliana tiene demasiados sabores, por esto, la plaza de la Basílica de Nuestra Señora de la Chiquinquirá, en Maracaibo, contó con una muestra bastante amplia. Ciento ochenta niños y niñas sonaron como brisa refrescante bajo el sol marabino y en compañía de su patrona. La batuta de Freddy Padrón, coordinador del programa Alma Llanera en el estado Zulia, condujo a los asistentes a las entrañas del sentir zuliano.

En unos años los frutos van a ser abundantes. Quizás no podemos imaginar, en este momento, lo que puede lograr nuestra música venezolana, nuestra música académica, con esta cantera de músicos talentosos y dedicados.

Pero para recoger esos frutos hay que trabajar. Por ello, en Zulia se crearon dos núcleos, hace tres meses, dedicados exclusivamente al Programa Alma Llanera. Están ubicados en sitios icónicos de Maracaibo, uno es Santa Lucía, lugar de nacimiento de la gaita conocida por todos; y otro en Santa Rosa de Agua, sector pesquero dentro de Maracaibo, donde sus habitantes viven a la orilla del lago. Dos sitios emblemáticos del Zulia servirán como hogar de los músicos del futuro.

Resguardar la cultura. Los profesores y cultores del territorio venezolano encontraron un espacio en donde se sienten resguardados: el Programa Alma Llanera. Omar Torrelles, director del Núcleo Jacinto Lara, en Barquisimeto, reiteró eso.

La música tradicional venezolana es parte de la identidad del país, pero la música de cada región representa a cada pueblo. Su comida, su clima, sus costumbres, su gente, su sentir. “El Sistema abrió esa ventana, que servirá para resguardar a los cultores y sus conocimientos, hacer que todos conozcan lo que se cantaba hace cien años, trascender”, indicó.

Tamunangue, joropo, pajarillo, golpe tocuyano y hasta Los Zaragoza se aparecieron por la plaza San José, en Barquisimeto. Coro, orquesta, solistas y ensambles envolvieron a los presentes en el maravilloso mundo del folclor larense. El público tarareaba cada pieza, y allí estaba la esencia, lo que debe preservarse para los que no han llegado, los que esperan por cantar, tocar y luchar, los adultos del mañana.

La simbiosis está hecha, la música que se lleva en la sangre debe ser cuidada, replicar lo aprendido. La música es hermandad, unión; es un camino para la inclusión, una forma de fortalecer una cultura de paz. Ese es el trabajo de El Sistema y su apuesta.