El poderoso órgano de la Sala Simón Bolívar: una obra única en el país

Publicado por Prensa FundaMusical Bolívar.

 

María Teresa Canelones / Prensa FundaMusical BolÍvar
La sala principal del Centro Nacional de Acción Social por la Música (La Sede) es la única en Venezuela tiene un órgano. Fue construido por la empresa alemana Orgelbau Klausbun, de Bonn, donado a El Sistema e instalado completamente en 2006, colocando a la casa principal de las orquestas y coros de El Sistema a la altura de los más grandes y modernos teatros musicales del mundo

El órgano tubular instalado en la Sala Simón Bolívar del Centro Nacional de Acción Social por la Música (Cnaspm) es un instrumento que seduce por su multiplicidad sonora e imponente atractivo visual. Este es el único instrumento armónico de teclado instalado en una sala de conciertos en nuestro país y es patrimonio artístico de La Sede principal del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Su diversidad de registros traducen su poderoso mundo interior habitado por 3.309 tubos, hechos con estaño. Este instrumento, en sí mismo, constituye una extraordinaria expresión de “riqueza tímbrica, potencia sonora y posibilidades polifónicas”, que se pasea por sonoridades musicales propias de distintos periodos como el barroco, el romanticismo y la contemporaneidad.

La pasión por la ejecución de este instrumento ha sido protagonizada por intérpretes de diversas culturas, quienes han interpretado el repertorio organístico de autores como el austriaco Mozart, el alemán Mendelssohn y los franceses Marie-Claire Alain, Charles Marie Widor y Louis Vierne.

En Venezuela, destacan los organistas Juan Bautista Plaza, Francisco Rodrigo, Evencio Castellanos y Juan Carlos Núñez, de quien se está reeditando su Concierto para órgano (1976), para ser adaptado a los registros del órgano de la Sala Simón Bolívar de La Sede de El Sistema.

Un instrumento sincrónico

“Para aprender a ejecutar el órgano es necesario tener conocimientos básicos de piano, de lo contrario tocar una pieza que puede aprenderse en dos semanas, podría llevarle a un aprendiz hasta seis meses”.

Pablo Castellanos

La habilidad alcanzada para ejecutar el órgano le valieron a Pablo Castellanos invitaciones para interpretar repertorios en las catedrales Saint Patrick, en New York, y de Morelia en México. Pero, más allá de continuar desarrollando su talento y cultivar su virtuosismo como músico solista, este maestro se propuso hacer una gran obra pedagógica, al crear, en el año 2014, el movimiento de la moderna escuela organística venezolana y la Cátedra de Órgano Evencio Castellanos.

Cinco jóvenes pianistas de El Sistema son los cursantes regulares de esta inédita cátedra, quienes además de estudiar las obras musicales, exploran el interior del órgano para conocer su funcionamiento. Este destacado organista venezolano, formado en Italia y Francia, es la persona calificada en el país para adiestrar en la ejecución del instrumento a las nuevas generaciones de organistas. Además, cuenta con el aval de haber participado en los planes estatales para restaurar los órganos de las iglesias más emblemáticas de Venezuela.

“Para aprender a ejecutar el órgano es necesario tener conocimientos básicos de piano o de lo contrario tocar una pieza que puede aprenderse en dos semanas, podría llevarle a un aprendiz hasta seis meses. El grado de dificultad aparece porque el órgano es un instrumento sincrónico, que requiere cierta independencia de las manos, para que la conciencia pueda ocuparse del pie, de la lectura y los registros”, explicó el también director de orquesta.

Resaltó que “al tocar el órgano se debe usar la fuerza mínima necesaria para que exista precisión al hundir y levantar cada una de las teclas, porque fuerte o suave sonará exactamente igual. En el caso del piano es diferente, porque el ejecutante tiene que imprimirle a la interpretación las diversas emociones expresadas en la obra, apreciadas en el ímpetu o sutileza del hundimiento de las teclas”.

El arte de la organería

“El órgano te permite vivir y caminar en su interior”.

Lennar Acosta

Lennar Acosta es el único organero venezolano graduado en Alemania. Participó durante el 2006 en el proceso de construcción y traslado a Caracas del órgano de la Sala Simón Bolívar, construido por la empresa alemana Orgelbau Klausbun, de Bonn.

Además de vigilar el montaje y perfecto ensamblaje del instrumento, Acosta adquirió entre sus responsabilidades velar por la reparación y restauración de cualquier fallo en el instrumento. “Por lo general el mantenimiento lo hago los domingos y en vacaciones. Consiste en limpiar el polvo, los manuales y el teclado. También me corresponde afinarlo, quitarle el ruido a la pedalera, ajustar las mecánicas rotas si las hubiese, chequear la válvula secreta por si tuviera alguna fuga y regular el sonido de los tubos”, detalló el también clarinetista. “El órgano es un instrumento de viento, por lo que chequeamos que la presión del aire sea la correcta, así como que estén afinadas las lengüetas y los tubos labiales. Su temperatura ideal oscila entre los 20 y 21 grados”.

Acosta recordó que antes de que este órgano fuera afinado por primera vez pasó por un proceso de armonización, que consiste en darle color a cada tubo para que una nota tenga el mismo volumen que la otra. “Un registro representa un instrumento en una orquesta. Por ejemplo, este órgano tiene 47 registros y cada registro se compone de 62 semitonos y 62 tubos, ese es el número de teclas del teclado manual”.

Precisó que el órgano instalado en la Sala Simón Bolívar tiene 3.309 tubos, de los cuales 2.914 son funcionales. Los tubos canónigos colocados en la fachada y adaptados como trompetas de batalla, sólo tienen fines estéticos. Este instrumento también posee los efectos de la lluvia, el trueno y el canto de los pájaros.

“La Sala Simón Bolívar no tiene nada que envidiarle a las grandes salas de Europa. Nuestro proyecto es único en el mundo. Sería una maravilla que en Latinoamérica, Centroamérica y el Caribe llenemos de órganos las salas de conciertos. Venezuela ya es parte de este desarrollo”, subrayó.

Nuevas generaciones

La Cátedra de Órgano Evencio Castellanos la integran cinco jóvenes pianistas venezolanos y estudian obras como, el Preludio y fuga en Mi menor y Fa Mayor, de Johann Sebastian Bach, Cantábile, de César Franck, una Sonata para órgano y orquesta, de Wolfgang Amadeus Mozart, y la Toccata en Do Mayor, de Johann Pachelbel.

Ana Victoria Ascanio

“Formar parte de El Sistema trasciende el hecho de ejecutar un instrumento, porque a través de este movimiento conoces personas de diversas culturas, lo que te permite entender sus mundos, sus perspectivas y darles alegría a través de la música. Los jóvenes que puedan sumarse a este proyecto no deberían perder esta extraordinaria oportunidad”.

“Todos podemos estudiar el órgano gracias a la iniciativa del maestro José Antonio Abreu. Me siento orgullosa de seguir con este legado musical y hacerlo con la mayor dignidad”.

Laura Silva
“Tocar el órgano ha sido una experiencia emocionante y única porque es un instrumento poderoso. Al ejecutarlo experimento la inmensidad de su vibración y es realmente mágico escuchar su grandiosa sonoridad”.

Marinés Rodríguez
“Este instrumento es apasionante porque te permite interpretar un amplio repertorio, desde piezas para órgano solo, tocar con orquesta y acompañar a uno o más cantantes e instrumentistas. Un organista también puede acompañar himnos corales, religiosos e interpretar música litúrgica”.

César Hernández
“Soy organista de la Parroquia San Francisco y de la Iglesia Luterana en Caracas. El moderno órgano Klais de la Sala Simón Bolívar nos abrió nuevas perspectivas por su capacidad sonora, sus dimensiones y lo variado y completo de sus registros. Nos da la posibilidad de pensar en grande y nos llena de fortaleza”.


La leyenda del monje sin cabeza

Anécdota del profesor Pablo Castellanos

“En el año 78, mi hermano y yo fuimos invitados al estado Mérida por Monseñor Pérez Cisneros para dar un concierto con el órgano de la catedral. El instrumento acababa de ser recuperado, luego de haber estado por mucho tiempo en desuso. Resulta que un día antes del estreno, se murió el Papa Juan Pablo Sexto, y el concierto se postergó para un mes después. Sin chistar, tuvimos que quedarnos hasta que se programara de nuevo”, comentó Pablo Castellanos.

“Por ese entonces, Mérida a las ocho de la noche era tierra muerta, no pasaba ni un alma y sus calles eran muy oscuras. Monseñor, percibiendo nuestro aburrimiento, nos prestaba su carro para dar vueltas por la ciudad, pero a los 10 minutos de haberla recorrido completamente nos volvíamos a aburrir. Y entonces, para cambiar la rutina, el sacerdote nos dio una llave que nos permitía, luego de cenar, pasar desde el palacio arzobispal hasta la catedral, con el fin de estudiar el concierto. Las prácticas duraban desde las ocho de la noche hasta las dos de la madrugada”, continuó.

“En el año 90 volví a Mérida, no como organista, sino como director de orquesta. Cuando terminó el concierto me puse a conversar con la hija de un profesor de la Universidad de los Andes, quien me preguntó, maestro ¿usted conoce la leyenda del monje sin cabeza que tocaba órgano en la catedral hasta las tres de la mañana por el año 78? De inmediato se vino a mi memoria esa particular experiencia de mi juventud como organista. ¡Mi niña ese monje soy yo! le respondí. Su cara de asombro jamás la olvidaré”, resaltó.